En dicho canal podrá encontrar tutoriales y clases sobre matermáticas, ciencias y negocios.
 
YouTube lanzó un canal contenidos audiovisuales educativos en español que empezará a operar a partir de hoy, 28 de agosto. Cuenta con 23.000 videos de entre 3 minutos y una hora duración relativos a nueve áreas del conocimiento como ciencias administrativas, física, matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales, inglés, preescolar y redacción, entre otros.
 
Para acceder al canal, diríjase a youtube.com/educacion. Se recopilaron contenidos de habla hispana provenientes de Colombia, México, Estados Unidos, España y Argentina y de canales educativos como Math II
Me, Khan Academy en Español, Guitarra Viva, Crafting Geek, Soy Mario Vaira, Educatina y Tareas
Plus.
 
Para elegir los mejores videos, Google contó con la colaboración de la Fundación Mayahii. Se identificaron 66.000 piezas educativas y se seleccionó una tercera parte. La muestra escogida cumplió con tres criterios esenciales: cuentan con excelente calidad de términos de audio e imagen, son utiles y son originales.
 
El proceso de curado de los videos tomó cinco meses. La prioridad es resaltar el contenido original. Por el momento, los usuarios encontrarán piezas audiovisuales enfocadas en educación secundaria. Sin embargo, esperamos que al término del tercer trimestre nuestro catálogo se expanda a educación primaria y superior", señaló Gustavo Alvarado, gerente de Mercadeo de Google Colombia.
 
Google reportó 400 millones de búsquedas relacionadas con contenidos educativos, en hispanoamérica, durante el primer semestre de 2014. Por ese motivo, la firma, dueña de YouTube, decidió crear un canal enfocado en piezas pedagógicas. La versión en inglés se encuentra disponible desde comienzos de 2012 y ya dispone de más de 10 millones de suscriptores.
 
"Cada vez que se publique excelente contenido educativo, lo promoveremos por YouTube EDU. Invitamos a todas las personas a producir videos de estas caracteríticas", señaló Alvarado.
 
Fuente: www.eltiempo.com
 

¿Por qué los profesores damos el mismo curso una y otra vez? ¿En qué momento enseñar se convirtió en “dictar clase”?

¿No tendría más sentido grabar las sesiones, pedirles a los alumnos que las vean en su casa y liberar el tiempo de aula para otras tareas?

Seguramente muchos profesores, de colegio o universidad, han tenido las mismas dudas en momentos de tedio. Vladimir Nabokov las hizo públicas hace varias décadas, cuando sugirió que la Universidad de Cornell grabara sus clases de literatura.

Pero muy poco ha cambiado. En la mayoría de universidades, los currículos y los métodos de enseñanza no han tenido ajustes importantes desde mitad del siglo XX, como lo dijo Larry Summers, exrector de Harvard, en un artículo en el New York Times. En los colegios, con notables excepciones, también rige la “dictadura de clase”, como llaman algunos maestros ocurrentes al peso diario de impartir lecciones repetitivas.

Lo llamativo es que el sistema se haya mantenido aunque el mundo haya cambiado. Si es tedioso para los profesores, lo es aun más para estudiantes que nacieron en la era digital: los que pasan buena parte del día en las redes sociales, hacen tareas con materiales que bajan de la red y dedican el 80% del tiempo que están en línea a ver videos.

Por eso son alentadoras dos innovaciones que se están abriendo paso. La primera es la explosión de cursos en línea. Una legión de universidades, empresas, entidades estatales y profesores están grabando cursos virtuales sobre temas tan diversos como álgebra, historia antigua, derecho penal o diseño industrial. Aunque están en fase experimental, iniciativas como Coursera, edX, TareasPlus o Khan Academy ya han respondido la inquietud de Nabokov: basta una cámara, acceso a Youtube y creatividad docente para evitar la repetición.

Pero un video no reemplaza la interacción personal, ni el acompañamiento cercano de un profesor presencial. Por eso el uso más promisorio de las clases virtuales consiste en ser parte de “cursos invertidos”, en los que los alumnos vean en sus casas las lecciones que hoy reciben en las aulas, y resuelvan en las aulas los problemas y ejercicios que hoy se asignan como tareas para la casa.

Esta innovación aprovecha las ventajas de los dos modelos. De un lado, se transmite la información necesaria en tutoriales grabados de alta calidad, seleccionados no sólo de los materiales grabados por el profesor del curso, sino del universo de lecciones disponibles en línea. Del otro, el tiempo de clase se dedica a ejercicios de aprendizaje activo, desde resolución individual de problemas hasta debates colectivos, en los que el profesor acompaña de forma más personalizada a cada estudiante y profundiza los conocimientos básicos.

Aunque es muy temprano para sacar conclusiones, las universidades y los colegios que están experimentando con cursos invertidos han reportado mejorías notables en logros académicos y satisfacción de estudiantes y profesores. Por eso se están difundiendo rápidamente en Europa, Estados Unidos y, tímidamente, en otras regiones.

Por supuesto, estas innovaciones no son la solución a todos los problemas y crean algunos nuevos. Por ejemplo, las tasas de deserción son altas en los cursos en línea . Y algunos profesores temen que su rol cambie de protagonistas a actores de reparto en las clases presenciales.

Son dudas razonables que, sin embargo, no justifican el disfuncional statu quo. A menos que queramos seguir con la dictadura de clase.

 

 ** Miembro fundador de Dejusticia.

Fuente: www.elespectador.com

César Rodríguez Garavito

@CesaRodriGaravi